lunes, 25 de mayo de 2020

By Lies

V A I V É N

Te diría que te adoro
y me delato en anhelos
de mi vista a tu mirar;
¡me haces sentir en el cielo…! 

Te tengo siempre presente
sufriendo si no te rozo,
formándose en mis adentros
niebla en lágrima sin ojos
luchando por olvidarte
en la razón de los locos. 

Ay…, de morirme, quisiera
ser el pitillo encendido
en los dedos de tu mano
eternamente prohibidos…

Si me acerco, ya perezco,
si me alejo..., muero más
y en sueños te veo y toco
y no te debo de tocar;
“dame ese amor, ¡oh Dios mío!
y el poder de enamorar”.

Me rozas en cruel señuelo 
lo mismo si hay claridad
o en la niebla, ¡qué suplicio!

Y yo…, me dejo acariciar.

Viviría sin tu antojo
si la cordura tuviera
y eso frena que me aleje,
y eso mismo…, es mi condena.
Yo te querría apartar
mas, me consumo en quimeras.

 ©Ángeles Sánchez Gandarillas

Poema ilustrado por José Ramón Lengomín. 
Editado en los Pliegos poéticos o de cordel, La Horadada III, Poemas sin fronteras, Poetas cántabros.

miércoles, 20 de mayo de 2020

NUEVAS NORMAS

I. DISPOSICIONES GENERALES
 MINISTERIO DE SANIDAD
 5142 Orden SND/422/2020, de 19 de mayo, por la que se regulan las condiciones para el uso obligatorio de mascarilla durante la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19. Como consecuencia de la acelerada evolución de la situación de emergencia de salud pública ocasionada por el COVID-19, a escala nacional e internacional, el Gobierno, al amparo de lo dispuesto en el artículo cuatro, apartados b) y d), de la Ley Orgánica 4/1981, de 1 de junio, de los estados de alarma, excepción y sitio, declaró, mediante el Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, el estado de alarma en todo el territorio nacional con el fin de afrontar la crisis sanitaria, el cual ha sido prorrogado en cuatro ocasiones, la última con ocasión del Real Decreto 514/2020, de 8 de mayo, hasta las 00:00 horas del día 24 de mayo de 2020, en los términos expresados en dicha norma. 
El artículo 4.2.d) del citado Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, determina que, para el ejercicio de las funciones previstas en el mismo y bajo la superior dirección del Presidente del Gobierno, el Ministro de Sanidad tendrá la condición de autoridad competente delegada, tanto en su propia área de responsabilidad como en las demás áreas que no recaigan en el ámbito específico de competencias de los demás Ministros designados como autoridad competente delegada a los efectos de este real decreto.
 En concreto, de acuerdo con lo establecido en el artículo 4.3 del Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, el Ministro de Sanidad queda habilitado para dictar las órdenes, resoluciones, disposiciones e instrucciones interpretativas que, dentro de su ámbito de actuación como autoridad delegada, sean necesarias para garantizar la prestación de todos los servicios, ordinarios o extraordinarios, en orden a la protección de personas, bienes y lugares, mediante la adopción de cualquiera de las medidas previstas en el artículo once de la Ley Orgánica 4/1981, de 1 de junio.
 Asimismo, el artículo 8 del Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, establece que las autoridades delegadas competentes podrán imponer la realización de prestaciones personales obligatorias imprescindibles para la consecución de los fines del citado real decreto. 
La Comunicación «Hoja de ruta común europea para el levantamiento de las medidas de contención de la COVID-19», presentada el pasado 15 de abril por la presidenta de la Comisión Europea y el presidente del Consejo Europeo, ha considerado esenciales las medidas extraordinarias adoptadas por los Estados miembros. Se afirma que dichas medidas, basadas en la información actual disponible en relación con las características de la enfermedad y su forma de transmisión, y adoptadas siguiendo un criterio de precaución, han permitido reducir la morbilidad y mortalidad asociada a la COVID-19, al tiempo que han permitido reforzar los sistemas sanitarios y asegurar los aprovisionamientos necesarios para hacer frente a la pandemia. 
Por su parte, la Organización Mundial de la Salud, con fecha 16 de abril de 2020, definió los principios a tener en cuenta a la hora de plantear el levantamiento de las medidas de desconfinamiento. Entre los citados principios, merece especial atención la necesidad de minimizar los riesgos en lugares con alto potencial de contagio como lugares cerrados y lugares públicos donde se produce una gran concentración de personas; y que se asegure el compromiso del conjunto de la población en la aplicación de las medidas adoptadas a fin de continuar protegiendo los derechos a la vida, a la integridad física y a la salud de las personas. 
La evolución de la crisis sanitaria, que se desarrolla en el marco del estado de alarma, obliga a adaptar y concretar de manera continua las medidas adoptadas, para asegurar la eficiencia en la gestión de la crisis. En este marco, y ante la alta BOLETÍN OFICIAL DEL ESTADO Núm. 142 Miércoles 20 de mayo de 2020 Sec. I. Pág. 33600 cve: BOE-A-2020-5142 Verificable en https://www.boe.es transmisibilidad del SARS-CoV2, especialmente en las fases iniciales de la enfermedad y en las personas asintomáticas, se hace preciso dictar una orden para regular el uso de las mascarillas, estableciendo los casos y supuestos en los que su utilización será obligatoria, sin perjuicio de las recomendaciones previstas por las autoridades sanitarias en el resto de casos. 
El uso generalizado de mascarillas por parte de la población general para reducir la transmisión comunitaria del SARS-CoV2 está justificado no solo por su alta transmisibilidad, sino también por la capacidad que han demostrado las mascarillas para bloquear la emisión de gotas infectadas, muy importante cuando no es posible mantener la distancia de seguridad. 
Asimismo, es necesario seguir un principio de precaución que permita continuar por la senda de la reducción de los casos de contagio de la enfermedad en nuestro país, principalmente cuando no se dispone de otras medidas como la vacunación. 
Así, mediante la presente orden se dispone, con carácter general, el uso obligatorio de mascarillas en personas de seis años en adelante en la vía pública, en espacios al aire libre y en cualquier espacio cerrado de uso público o que se encuentre abierto al público, siempre que no sea posible mantener una distancia de seguridad interpersonal de al menos dos metros, siendo recomendable su uso para la población infantil de entre tres y cinco años.
 Se excepcionan de esta obligación a aquellas personas que presenten algún tipo de dificultad respiratoria que pueda verse agravada por la utilización de la mascarilla y a aquellas cuyo uso se encuentre contraindicado por motivos de salud o discapacidad. Asimismo, su uso no será exigible en el desarrollo de actividades que resulten incompatibles, tales como la ingesta de alimentos y bebidas, así como en circunstancias en las que exista una causa de fuerza mayor o situación de necesidad.
 Lo previsto en esta orden debe entenderse sin perjuicio de la necesidad de seguir cumpliendo con las recomendaciones de las autoridades sanitarias relativas al mantenimiento de la distancia interpersonal, la higiene de manos y resto de medidas de prevención. 
En su virtud, con arreglo a las facultades previstas en el artículo 4.3 del Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, dispongo: 
Artículo 1. Objeto. 
La presente orden tiene por objeto regular el uso obligatorio de mascarilla por parte de la población. A los efectos de lo dispuesto en la presente orden, se entenderá cumplida la obligación a que se refiere el apartado anterior mediante el uso de cualquier tipo de mascarilla, preferentemente higiénicas y quirúrgicas, que cubra nariz y boca. Se observarán, en todo caso, las indicaciones de las autoridades sanitarias acerca de su uso.
 Artículo 2. Sujetos obligados. 
1. Quedan obligados al uso de mascarillas en los espacios señalados en el artículo 3 las personas de seis años en adelante. 
2. La obligación contenida en el párrafo anterior no será exigible en los siguientes supuestos: 
a) Personas que presenten algún tipo de dificultad respiratoria que pueda verse agravada por el uso de mascarilla. 
b) Personas en las que el uso de mascarilla resulte contraindicado por motivos de salud debidamente justificados, o que por su situación de discapacidad o dependencia presenten alteraciones de conducta que hagan inviable su utilización.
c) Desarrollo de actividades en las que, por la propia naturaleza de estas, resulte incompatible el uso de la mascarilla. 
d) Causa de fuerza mayor o situación de necesidad. BOLETÍN OFICIAL DEL ESTADO Núm. 142 Miércoles 20 de mayo de 2020 Sec. I. Pág. 33601 cve: BOE-A-2020-5142 Verificable en https://www.boe.es 
Artículo 3. Espacios en los que resulta obligatorio el uso de mascarilla. 
El uso de mascarilla será obligatorio en la vía pública, en espacios al aire libre y en cualquier espacio cerrado de uso público o que se encuentre abierto al público, siempre que no sea posible mantener una distancia de seguridad interpersonal de al menos dos metros. 
Disposición final primera. Régimen de recursos. Contra la presente orden, se podrá interponer recurso contencioso-administrativo, en el plazo de dos meses a partir del día siguiente al de su publicación, ante la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 12 de la Ley 29/1998, de 13 de julio, reguladora de la Jurisdicción ContenciosoAdministrativa. Disposición final segunda. Efectos y vigencia. 
La presente orden surtirá plenos efectos desde el día siguiente al de su publicación en el «Boletín Oficial del Estado» y mantendrá su eficacia durante toda la vigencia del estado de alarma y sus posibles prórrogas. Madrid, 19 de mayo de 2020.–El Ministro de Sanidad, Salvador Illa Roca.



jueves, 14 de mayo de 2020

By Lines


Olvido

I
VESTIDO DE OLVIDO

Inés que
 de amor se extingue,
incluso al Cristo reclama
milagros, piadosamente,
por un doncel que la amaba,
pues la negó aquel hidalgo…
Es constante su demanda
desarmada ante ese insulto…
¡Qué pena da la muchacha,
qué pena perder el tiempo
en tristezas alargadas!
Hoy, altivo y gentilhombre,
reniega de la palabra
cubriéndose con sus guerras;
así, ruin, se disculpaba,
queriéndose liberado
desde que llegó a su casa…
Ella, lloviendo sus ojos,
al hoy oficial emplaza
en su promesa de amores...
Vino lleno de alabanzas
con cetro de comandante
la niega y llama ¡chiflada!,
incluso, ¡qué vil!, blasfema.
Diego nada recordaba…
Inés ya le ha demandado;
¡lástima que le esperara!

II
INÉS ENJUICIA EL ROMANCE

De poco sirve que escriba,
queriéndole procesado
si ya, no era pretendida;
Diego miente despiadado.
¿Para qué la rogativa
a un apego despechado
en ternura ya marchita
si no la quiere el amado?
Inés no admite ni olvida…
Diego presume, pagado
de hidalguía, y es ¡gallina!
en regreso renegado…
Insensata, aún aspira
casar al uniformado,
él, que para nada abriga
propósito de casado,
pensándola con inquina
si a yacer fuera forzado…
¡Pobre de Inés, pobrecilla!,
reclamaba lo olvidado,
y anhela y se mortifica
con tal de verle esposado

III
LA DONCELLA ENLOQUECE

Inés seguía empeñada,
ella quería al soñado,
reclamaba un amor, cierto,
que había el galán jurado…
Envejeció en larga espera
desde aquel otero aislado
sobre el monte de Cabarga
en corazón torturado,
menospreciando su vida
en un dolor condenado.
Sus padres, entristecidos,
parientes y hasta el prelado…
Ella siguió, más demente,
su latido, más ajado
siendo doble esa derrota,
en congojas y estancado,
en un único combate
ante un doncel desmontado…
Diego retorna en olvido
embravecido, jactado,
mientras ella, ¡pobrecita!,
de ese tiempo malogrado,
se moría de doncella
con el cuerpo avejentado.

CONCLUSIÓN

No hay amor, amigos todos,
no hay amor tan elevado,
fantasía si perdura,
es espera al venerado,
y aunque torne complacido
por nada será obligado
-ambos serían locura-
con su amor ya disipado…
Antes lo dijo Cervantes
y cualquiera que avispado,
notase en cualquiera tiempo
de afecto no acomodado
en memorias desvestidas
y con olvido, calzado...
Quien reclame o quien anhele
un amor que fue olvidado,
se perderá en la locura
de amar solo y angustiado
a sabiendas que a quien ame,
iría de amor penado...
Porque amor es… sentimiento,
no juramento firmado.


©Ángeles Sánchez Gandarillas

Publicado por la Sociedad Cántabra de Escritores en "Inspiraciones Cervantinas", 2016.
Imagen, José Ramón lengomín


domingo, 3 de mayo de 2020

Día de la madre



Nuestros hijos, la huella más clara que dejaremos en este mundo.
Nuestros hijos, los únicos capaces de hacernos experimentar los sentimientos más extremos.
Al ser mamá descubres que la vida va más allá de nosotros mismos.
Que nunca sentiste tanta dulzura, que cuando te sonrió por primera vez,
ni tanto dolor, que cuando le dolía, o sigue doliendo ,
ni tanta emoción , alegría.....porque los sentimientos son más intensos, cuando te divides y das vida.
En este día nos paramos a reflexionar y felicitamos porque es un día en que los hijos experimentan la emoción y alegría que siente una madre cuando la dan un beso con tanto amor y recibe las palabras 
"felicidades mamá" 
como el presente más hermoso que pueda haber en este mundo.


Ross

viernes, 1 de mayo de 2020

IMAGINA


-Bueno amigo, ya he terminado el relato que me pediste. Como ves, casi coincide con eso que tú dices siempre: La Folía la inventamos los comillanos, es más, La Follía -como siempre osas llamarla, porque incluso las lampas son llampas en tu pueblo- podría ser raíz de la palabra francesa Follie, su significado sería locura o baile. Quizá en esta expresión tuvo algo que ver aquel galo llamado Guillermo Le Testu, aliado del corsario Drake. Un enloquecimiento que parecía tener Tinín, aquel náufrago abrasado por el sol y reconvertido a corsario, trastornado por el afán de poseer riquezas como fuera; o quizá definiera la locura de los barquereños saliendo tras él en busca de su Virgen de la Barquera, o el desvarío de esa batalla incruenta que se libró cercana a la que hoy es tu casa. A lo mejor tenías algo de razón, aunque siempre he pensado que era una broma por tu parte. 



-Entonces, ¿esta casa perteneció -según cuentas- al muchacho enriquecido de entonces? Creo que  tienes aún más fantasía que yo.
Reímos ambos.

-Vete tú a saber, recuerda que aquí hay un restaurante que se llama “El Pirata”, es posible que perteneciera a los descendientes de aquella familia.

-¿Dónde fue a parar aquel Tinín?

- Posiblemente, tuviera que irse, nadie lo querría aquí, ni siquiera los suyos, estaba trastornado. Acaso en uno de sus pocos momentos claros, dejara en la casona que compró, metido en ese hueco entre paredes, un grandísimo tesoro para los suyos.

El amigo miraba sorprendido a su interlocutora; ella le observaba con el rabillo del ojo con cierta sorna, estaba disfrutando y resarciéndose respecto a la supuesta creación de La Folía por los comillanos -según él decía-, una tomadura de pelo que duraba desde que se conocieron.

-Sí, el tesoro ha sido crear una bella historia, un relato de buena vecindad, del camino que hemos recorrido barquereños y comillanos a lo largo de los tiempos.
Al menos eso creo.

Nos despedimos y seguro que cada cual interpretó esta historia a su manera.
Él seguiría diciendo que inventaron La Folía, y yo, que tenía una imaginación desbordante.

-Hasta la próxima, comillanu.

-Nos vemos, pejina.

FIN
 Vocabulario
Abarloar: Arrimar una embarcación a otra.
Alabarda: Arma de tres elementos, lanza, cuchilla y gancho.
Amarras: Cuerdas, maromas, sujetan el barco en el atraque.
Arcabuz: Pistola de cañón corto.
Argumal: Escajo, planta espinosa.
Arranchar: Arreglar, baldear el barco o la bodega.
Arriar: Soltar el cabo o cualquier objeto.
Atesar: Tensar.
Atracar. Arrimar a puerto.
Bandullo: Conjunto de tripas.
Barquereño: Gentilicio de los habitantes de San Vicente de la Barquera.
Bauprés: Mástil horizontal para sujetar velas en la proa.
Bita: Elemento de madera o metal, sujeta las cuerdas con seguridad.
Braza: Medida náutica -1´671 metros-.
Cabestrante: Artilugio para sujetar los botes a bordo en las embarcaciones grandes.
Cabotaje: Barcos que transportan mercancías de un puerto a otro.
Calado: Parte sumergida del barco y su profundidad.
Calo: Tocar al fondo sin necesidad de flotar.
Carel: Pieza superior de la cubierta donde suele descansar la baranda.
Carretel: Carrete grande.
Castillo de proa o popa: Parte elevada de los buques con forma de castillo.
Cay: Infraestructura portuaria de piedra.
Chalupas: Barco grande de construcción local, de pesca, cabotaje y usado en grandes travesías.
Chavalucu: Localismo, grumete.
Chicote: Cuerda, cordel.
Chumacera: Soporte en forma de uve.
Cofa: Lugar en lo alto del mástil donde se apostaban los vigías.
Comillano, comillanu: Gentilicio de la localidad de Comillas.
Esquife: Barcas.
Estacha: Chicote basto o calabrote.
Estrobo: Un atado en forma de lazo, asegura el remo al tolete.
Faltar: Soltarse o romper un aparejo, cuerda u otro instrumento.
Fielato: Lugar donde se pagaban los impuestos al acceder a las poblaciones.
Fisga: Arpón en tridente.

Fletar: Embarcar mercancías para su transporte y venta.
Galipote: Brea, petróleo natural.
Garojo: Raspa de la panoja de maíz.
Lampa: Lapa, molusco que se pega a la roca.
Lascar: Soltar el chicote cruzado, a demanda.
Legua: Medida marina -5.555 metros-.
Llampa: Lapa, molusco que se pega a la roca.
Maroma: Cuerda gruesa de esparto, utilizada para amarrar con seguridad.
Mascarón: Figura de ornamentación externa a proa, en la quilla del barco.
Mosquete: Pieza de artillería que se disparaba apoyada en una horquilla.
Panizo: Planta del maíz.
Pasteca: Polea.
Pejín: Gentilicio de las tres villas, en este caso la villa de San Vicente de la Barquera.
Pinazas: Embarcación a vela y remo, para pesca y cabotaje.
Pipas de grasa: Medida de peso, lleva de seis a ocho barriles -443 Kilos-.
Potás: Piedra envuelta en cuerdas, contrapeso.
Quilla: Pieza vertebral externa de una embarcación.
Quiñón: Paga anual de beneficios repartidos a la parte entre los tripulantes.
Rancho: Lugar de descanso de la tripulación.
Recalar: Llegar a puerto o cerca de la costa.
Roda: Curvatura externa de la quilla.
Roldana: Círculo acanalado por donde pasa la cuerda.
Saín: Aceite conseguido de la grasa de las ballenas.
Salmuera: Disolución densa de sal en agua.
Salseo: Movimiento más o menos enérgico del barco sobre la superficie del mar.
Santabárbara: Lugar del polvorín en los navíos.
Soldada: Jornal cobrado “a la parte”.
Tinaco: Tina pequeña de madera.
Tolete: Vara de pequeña dimensión para mantener estable el remo al bogar.

Abecedario de Imagina

IMAGINA
Textos: Ángeles Sánchez Gandarillas
Madrigal: Flor Martínez Salces y Ángeles S. Gandarillas
Portadas: Ilustraciones de J. R. lengomín
Ilustraciones interior: J. R. Lengomín
Diseño, impresión y encuadernación: Nieves Reigadas Noriega

Este libro se terminó de imprimir el día 15 de abril de 2012,
festividad de San Telmo, protector de los pescadores, lleva en la mano un
cirio azul que simboliza el fuego de San Telmo. Este “fuego” se forma en las
tormentas eléctricas y adquiere forma de llamas en los mástiles y elementos
puntiagudos como los arpones de los balleneros.

San Vicente de la Barquera (Cantabria)

jueves, 30 de abril de 2020

IMAGINA . . . . . . .

Capítulo VII 
El pueblo vivió una gran expectación ante la llegada del buque extranjero.


Por la tarde, Toño se acercó al muelle para verlo de cerca. Era cierto lo que divisó desde lo alto del patio de la parroquia, una carabela tan grande y robusta como la suya; la quilla estaba adornada por un mascarón oscuro, llevaba el escudo inglés y dos tibias cruzadas.

Se dirigió con curiosidad hasta la posada “Estrella”, la más cercana a los muelles.
Se oían voces, pero una destacaba entre ellas. Creyó reconocerla y se estremeció de arriba a bajo; abrió la puerta y entró despacio, incrédulo, ante el recuerdo que le hervía en la cabeza. Aquel hombre alto y fuerte se volvió al hacerse el silencio en el local.

-¿Toño?

Su corazón le golpeaba en las sienes, como cada recipiente de la noria del molino al chocar contra la corriente del agua.

-¿Tinín?

Se fundieron en un abrazo inmenso, retrasado durante toda una década. Con lágrimas en los ojos se golpeaban las espaldas sonoramente ante la curiosidad de los vecinos y de sus tripulantes, algunos ciertamente malencarados. Los amigos se miraron de arriba abajo.
Toño vio ante sí un hombre curtido, bien vestido, le asomaban los volantes de una camisa de seda, vestía chaqueta y pantalón en bruñido cuero, el cinto de través sobre el ancho pecho del que pendía un sable anchisimo y reluciente; al otro lado, metido entre el cinturón y el pantalón, llevaba un pequeño arcabuz. Su pelo largo y liso, enmarcaba aquellos ojos que recordaba perfectamente, tan claros como siempre, pero que ahora destellaban con cierta dureza. Sus botas a media caña iban ceñidas a la pantorrilla, con alto tacón y puntera de figurín. Todo oscuro, ciertamente lúgubre. Tenía sobre la mesa un sombrero negro de copa alta, ribeteado con una puntilla blanca, y en su dedo pulgar
izquierdo, un enorme anillo de oro con una piedra negra.
Pensaba Toño que su aspecto era muy diferente; él tan sólo portaba un pequeño puñal para cortar alguna cuerda o para limpiar el óxido de alguna cadena; su chaqueta estaba hecha en cuero marrón y el resto de la ropa en buena lana de las ovejas castellanas.
Se sentaron sobre dos taburetes, apoyaron sus brazos y la bebida sobre la tapa de un barril vacío.

-¿Cómo es que nunca supe de ti?

-Porque me recogió un barco corsario inglés, después de diez días a flote sobre los restos del bote, estaba a más de cien leguas de la costa. Casi me tiran al agua pues pensaron que estaba muerto. Me dijeron que tardé tres días en recuperar el conocimiento. Ya estaba curado cuando llegamos a Londres, aunque, como puedes ver, tengo la cara llena de cicatrices de las quemaduras del sol.
Toñó le miraba sin pestañear. Se sentía un adolescente ante un héroe de leyenda.

-Allí, me compraron la ropa de un muchacho que murió de una paliza y fui enrolado en el barco que me recogió. Enseguida comprobaron mi habilidad para la reparación de las averías y desperfectos en el armazón del barco, sin embargo, pasaba más tiempo subido en el palo mayor. En un principio, estuve de vigía en parte de los viajes. Desde esa altura oteaba los lentos y cargados barcos de mercancías, pero preferíamos los de la India y las Américas, cargados de especias, seda, oro y plata.
Siguió diciendo que la carabela que lo recogió pertenecía a la flotilla del Francis Drake, el corsario que llegó a ser vicealmirante de la marina real inglesa; últimamente se había metido a político dejando sus naves a cargo de sus capitanes más leales.

-Aprendí inglés, estudié y pronto me convertí en sobrecargo en el “Golden Hind”, la nave de Drake, el hombre que me salvó la vida.


Sabrás que atacamos un convoy español, cerca del istmo de Panamá. Iban, por lo general, cargados en su mayoría de oro y plata. Esperamos a que se aprovisionaran para cruzar el Océano Pacífico, Drake se alió con un francés llamado Le Testu para atacarles. Conseguimos prácticamente todo el botín, excepto algunos navíos que les iban custodiando y que hundimos. Se defendieron bravamente, tuvimos que dispararles a la santabárbara para rendirlos, aun así, mataron a varios de nuestros hombres y hundieron o averiaron a muchas de nuestras naves. Llegamos a Inglaterra tan sólo treinta hombres y tres barcos, pero todos ricos de por vida. Fue cuando decidí comprar esta carabela, ¿recuerdas que era nuestro sueño?

-Sí que lo recuerdo, yo he comprado también un buen navío, pero me dedico al transporte de mercancías.

-Bueno, eso a tu gusto, no te impondré que nos convirtamos en socios. A mí me va muy bien dedicándome al comercio “libre”. Eso lo comentó con la ironía más hiriente y riéndose en una carcajada escalofriante, a sabiendas de que semejante actividad pirata, no era del agrado del amigo.

Le contó que había apoyado a la armada inglesa en varias batallas, incluso contra España. Toño no daba crédito a lo que oía, le parecía mentira que aquel hombre hubiera cambiado tanto. Sus padres estarían disgustados a pesar de verle vivo; estaba seguro de que ni sus vecinos estarían de acuerdo con esa forma de vida. Tuviera o no patente de corso, no era más que un sicario.

-He comprado en Comillas una gran casa, cuando quieras podrás visitarme, serás recibido como un hermano, como siempre, Toño, como siempre –miraba a su amigo de soslayo-. Tengo criados negros, me los traje de una remesa de esclavos que vendí en Londres, son jóvenes y tendrán hijos con sus mujeres para cuidar y mantener la posesión que compré en Rubárcena. Es tan grande que llega hasta la misma costa. La he llamado “El Galeón”.

Toño salió de allí azorado, sin invitarle a conocer a su hijo recién nacido, bautizado con el nombre de Tinín en su honor. Ahora lo sentía como un insulto. No era su amigo de siempre, leal y trabajador. Tenía el alma dura y oscura, tanto como el mascarón de su barco. Al dar la esquina oyó sus risotadas y le pareció un loco.
Regresó a su casa, intentó descansar de tanta emoción, acunó a su hijo y besó a su mujer antes de acomodarse en su lecho, perfumado y limpio.

No consiguió pegar ojo. De pronto oyó las campanas a arrebato, algo sucedía y era grave. Llamaron a su puerta y le comunicaron lo ocurrido. Salió poniéndose la chaqueta sobre el jubón de dormir, se calzó sobre la marcha y corrió de tal manera que casi dejaba atrás el viento del nordeste. El pueblo se llenó de antorchas y del griterío de todos sus habitantes, tanto daba que fueran de las grandes casonas o de las más humildes de los arrabales. Ahora también distinguía el tañer de la pequeña campana de la ermita de la Barquera.
Bajaban todos por la cuesta del castillo en tropel, los patrones daban órdenes a grito pelado al llegar al muelle. La tripulación del “Quilla” aumentó con 40 vecinos armados hasta los dientes, cualquier cosa les servía, desde las azadas hasta las cuchillas de despedazar las ballenas. Arriaron las maromas rápidamente y fue uno de los primeros barcos que salieron por la canal.

-Patrón –dijo Berto-, hemos de cuartear el rumbo, el nordeste tira fuerte; saldremos entre el Fuerte de Santa Cruz y la Peña Mayor a mar abierta, así podremos afrontar mejor la maniobra, el tiempo que perdamos en la salida, lo ganaremos por las menos dificultades.

Pedro, Fredo y Berto se encargaban de todo, aún servían bien bajos sus órdenes, tenían una gran experiencia y gracias a ellos, seguía aprendiendo del oficio de la navegación.
Casiodoro estaba enrolado con Toño desde que botaron el barco del astillero; ejercía el oficio de tripulante y de ayudante de compras, era además un vigía excelente; llevaba soldada y media en todas las singladuras, era listo y un trabajador incansable; hacía buenos contratos y sabía escoger las calidades de las mercancías tan bien como él mismo. Seguían siendo buenos amigos. 
Salían sin despedirse de la Virgen como en otras ocasiones, solamente los franciscanos estaban orando de rodillas en el muro. Dejaron atrás la Punta de la Espina y navegaron a toda vela ayudados por la corriente de la bajamar.
Era impresionante ver a todos los barcos llevando en las cubiertas a tanta gente, incluso los remeros bogaban en las traineras con una fuerza jamás vista; se ocuparían de recoger a los hombres caídos al agua en la refriega que se avecinaba.
Toño pensaba para sí mismo: “¡A quién se le ocurre robar la imagen de la Virgen, a quién!, tan solo por un reto inútil y la corona de oro que portaba la imagen. Además según contaron, haciendo mofa de los clérigos que la guardaban, riéndose de santos y fieles. Se había metido en una operación suicida, pues era sólo un barco contra toda la flota de San Vicente, añadiéndole a la ofensa que, aquel día era el aniversario de la entrada milagrosa de la imagen en el puerto, el segundo martes de la Pascua. Sabía de sobra que se había celebrado ese día por todo lo alto, como siempre.”
Se notaba entre la gente sentimientos de todo tipo, los había ofendidos y deseoso de recoger el “guante” lanzado por Tinín desde aquel velero, muchos de ellos rabiosos, y otros, clamando venganza, y más, ante la perspectiva de rendirle fácilmente.


Pero aquel comillano reconvertido a inglés sabía del oficio de navegante. Por fin consiguieron cercarle a la altura de la ría de Oyambre.
Aun así, descargó dos andanadas con sus cañones, dejó el palo mayor del “Quilla” partido en dos, el castillo de proa del “Barquera” hecho añicos, algunos desperfectos menos importantes en otros cuatro; pero le fue imposible disparar más. Le abordaron desde tres chalupas y una pinaza. La tripulación del “London” luchaba y obedecía ciegamente a Tinín, a pesar de su evidente desventaja; no dejaron de combatir en ningún momento y hubo que amarrarles una vez vencidos.


Les sorprendió el color de la piel de aquellos hombres, procedían de muchos países; había africanos, asiáticos, e incluso rubios nórdicos.
Lo primero que hicieron fue poner a salvo la imagen de la Virgen, la embarcaron en el barco construido más recientemente, “El Mero”, para regresar lo más segura y rápidamente posible al santuario. Entretanto, desmantelaron los cañones del barco corsario y los tiraron al fondo del mar, se llevaron todas las velas y rompieron el timón.
Toño no quiso ver a su amigo, hoy convertido en un truhán enloquecido. Se sentía traicionado y el pecho le dolía tremendamente. Aquel amigo a quien había añorado tanto tiempo, ¿dónde estaba ahora?
Los barcos averiados regresaron más lentamente a puerto, dos de ellos fueron remolcados por las otras naves y llegaron más tarde; los demás les esperaban a la entrada y en la canal. Pretendían desembarcar todos juntos y pasar desde el muelle hasta la Barquera con la Virgen. Construyeron unas andas con los restos de la madera astillada en la batalla, y cubrieron la imagen con un velo de seda calado que guardaba Pedro a bordo, era para la boda de su hija y lo tenía guardado en su arcón, en un
compartimiento del rancho.
Una vez que desembarcaron, todos los barquereños caminaron en procesión hasta depositar la imagen en la hornacina de la capilla. Cantaron salves marianas, rezaron la eucaristía y el rosario junto a los franciscanos encargados de su cuidado. Sonó incesantemente el repicar de todas las campanas del lugar durante todo el acto religioso. Lo conmemoraron durante días, a la misma hora del regreso de la Virgen de la Barquera.


Desde entonces, quedó instaurada anualmente una procesión marítima en el segundo martes de Pascua. Se convertiría en una festividad mariana. Coincidía además en esa época del año en que la mayoría de los barcos estaban recalados en el puerto.
Se hizo en las pleamares para embarcar todo el mundo que lo deseara, desde los niños hasta los ancianos. Transportaban a la Virgen los marineros más jóvenes, embarcándola a bordo del barco construido más recientemente, y desde entonces, las mozas hicieron sonar panderetas y castañuelas en su honor; lucirían ambos los vestidos de gala.





miércoles, 29 de abril de 2020

IMAGINA ......

Capítulo VI 
Pasaron diez años y Toño se había prometido y casado en ese tiempo. Su esposa Esperanza estaba embarazada y él se sentía henchido de satisfacción, deseaba un varón y le llamaría Tinín.


No había olvidado el dramático día de la muerte de su amigo. Cada año iba a Comillas por esa fecha, y junto a la madre de su compañero, acudía a la iglesia para rezar por él. Su madre nunca perdió la esperanza de que siguiera vivo, además, algunos marineros que volvían de Inglaterra, decían haber visto a un muchacho moreno de ojos claros en una nave corsaria, chapurreando castellano.
Toño había conseguido un préstamo de la familia Corro, y junto con la ayuda de su padre que poseía una gran fortuna tras los largos años que estuvo a cargo del despiece y fundido de todas y cada una de las ballenas cazadas que entraron al puerto, hizo construir aquel ansiado barco, y pasaba grandes temporadas navegando, repartiendo y exportando mercancías de todo tipo, como siempre deseó.
Llevaba en puerto varias semanas a la espera del parto de su esposa. Se podía dar ese lujo, ya que los negocios le iban bien. Pagaba con desahogo su deuda y cobraba los portes por adelantado, antes de comenzar las singladuras. Era conocida su formalidad, como también la limpieza y cuidado de las mercancías, prácticamente en todos los puertos de Europa. Los comerciantes se afanaban en hacer con él los contratos de carga, pues era sabido su buen gusto y refinamiento en las compras; lo mismo adquiría los más delicados perfumes, que aceites, trigo, sedas, incluso gemas o metales preciosos.
El nombre del barco era “Quilla” -la pieza de la barca donde su amigo desapareció, arrastrado por aquella ballena macho-.
Por fin nació su hijo Tinín, el lunes catorce de abril a las campanadas del Ángelus, después de un doloroso y largo parto. La asistió una partera de Santillán, Visitación -la mejor de todas las allí nacidas-, junto con el médico mozárabe del hospital de los peregrinos, venido desde la parroquia de San Tortuaco, en Toledo.
Al día siguiente, prepararon un banquete para celebrar el bautizo de aquel bebé rollizo y sano, envuelto en tantas mantillas que su padre imaginó demasiadas para aquella primavera calurosa, a lo peor ahogaban a su hijo recién nacido, demasiado tapado para su gusto. Ganas le dieron, para celebrarlo, de hacer una salva desde su barco y desplegar todas las velas, en la mayor estaban dibujadas un par de tt cruzadas, que simbolizaban la amistad de los dos muchachos; quizá al llenarse de aire, las viera su amigo desde las alturas.
Toño vio entrar desde lo alto de la iglesia, un barco de hechura diferente, preparado para navegar con rapidez y con negros cañones asomando en los costados, llevaba izada una gran bandera con un dibujo. Aquel martes sería un día a recordar, y no solamente por el bautizo de su hijo.





martes, 28 de abril de 2020

IMAGINA . . . . .

Capítulo V 
 Anunciaron la llegada anticipadamente con una salva. Esa señal sería el punto de partida para encender los fuegos en el puerto, así calentarían las ollas y fundirían la grasa. Regresaban orgullosos con las piezas cazadas, les ayudarían a salir adelante en aquella temporada.


Toño se sobresaltó con el cañonazo; lloraba a escondidas en el castillo de popa, lejos del timón. Le dolía el estómago y vomitó. Su amigo había muerto.
Atracaron en el cay y desataron las dos ballenas, lo más cerca posible a la zona donde quedarían en seco al bajar la marea. Las inmovilizaron con potás; quedaban a la espera de la bajamar para comenzar el despiece. Soltaron amarras y alejaron el buque.
A medida que llegaba el resto de la flota, iban escogiendo los mejores lugares, anclaban donde sabían de los grandes pozos que quedaban en la bajamar, e iban rodeando toda la península.
En esos fondeaderos flotaban sobradamente los barcos a la espera de la pleamar para salir por la canal, sobre todo los navíos de gran calado. Permanecían allí una vez descargada la pesca o los fletados con mercancías para la exportación y el comercio por todos los puertos del reino, incluso extranjeros.
Los especialistas en el despiece se armaron de cuchillos y machetes; había otros utensilios semejantes a las hoces, estaban enmangados con palos largos, estos últimos, cuando hacía calo la ballena, eran usados para cortar las grasosas tiras de carne desde el lomo; al bajar totalmente la marea, la troceaban también desde una especie de andamiaje, consistía en un armazón sencillo de madera y troncos, se ayudaban con grúas desde el muelle para depositarlas sobre las piedras primero, y luego, subirlas bien
aseguradas, lo más cercanas posible a las calderas.
Las ballenas fueron cortadas en trozos alargados de grasa, gigantescos, de unos setenta centímetros de grosor, en una labor similar a los cortes rectangulares dados al tocino del cerdo. Los llevaban a hombros los hombres o muchachos más fuertes, acercándolos a las ollas ya calientes, allí, se troceaban en piezas más pequeñas y así se fundían mucho antes. Lo colaban una vez deshecho, a través de telas de saco que estaban atadas alrededor de las bocas de los barriles, de esta manera quedaba atrás la piel y las impurezas. El aceite era acarreado con cazos de largos asideros, para evitar las frecuentes quemaduras del aceite hirviendo o del roce contra las ardientes marmitas; existía el peligro de que la grasa cayera sobre las brasas y produjera fogonazos, pudiendo arder la ropa de los trabajadores. Cuando ocurría, lo apagaban a calderadas de agua que estaba recogida en toneles, cerca de las hogueras.
El trabajo era incesante y habían de ser eficaces y rápidos, la marea volvería a subir en seis horas. Mi padre se dedicó a trocear y distribuir la carne del ballenato, escogió los solomillos y las piezas de los lomos para sazonarlos rápidamente en las tinas de madera.


Habían sido encargados por la casa real a todos los puertos balleneros, pero este año los barquereños serían los primeros en enviarlo hasta la capital del reino.
Éste sería un gran privilegio, indicaría la valía de raza pescadora y la valentía de los hombres del puerto de San Vicente de la Barquera. En ese banquete especial se hablaría de ellos y apreciarían la limpieza de la carne, sin grasa ni tendones. El padre de Toño era habilidoso y experimentado despiezando las ballenas. Llevaba todos los recortes de esas sabrosas piezas para su familia. Sabían de su calidad bastante antes que cualquier noble del reino.
La piel de las crías de ballena se utilizaba también, resultaba de gran impermeabilidad y les servía para aislar las cabañas y a la sal de la humedad.
Al abrir las barrigas de los grandes cetáceos, quedaban al descubierto el estómago, los intestinos y las demás vísceras, el olor que desprendía era insoportable. Las mujeres habían de taparse la cara y la nariz con paños, así conseguían limpiar todas aquellas tripas llenas de comida ya digerida y maloliente; las abrían para raspar su interior con cuchillos y tacos rectangulares de madera; retiraban también del exterior la telilla y la grasa que las protege. Otras tripas se conservaban enteras y las daban vuelta para limpiarlas. Unas y otras eran lavadas constantemente, luego las metían bastante tiempo en salmuera, así desprendían la suciedad restante y perdían también el olor a detritus.
Quedaba en la bajamar una cantidad ingente de kilos de esos deshechos intestinales; los llevaría la marea, pero hasta entonces, se lo comían las ratas, los cámbaros, las moscas azules y las gaviotas; los mubles chupaban lo que iba quedando a flote en aquellos pozos. Quedaban estas porquerías varios días por las orillas, hasta que las corrientes de las mareas se llevaban todos los desperdicios y, con ellos desaparecía aquel olor nauseabundo.
Esos larguísimos bandullos eran útiles para transportar líquidos, incluido el mismo aceite. Asimismo se confeccionaban con ellos bolsos sofisticados. Estaban de moda entre las damas de la corte, realzados con dibujos en relieve; estos grabados se conseguían por presión, con moldes fabricados en madera por hábiles ebanistas.
Los teñían para favorecer la venta, así conjuntaban con otros complementos como gorros o guantes.
Estas mujeres que limpiaban las tripas veían recompensado su sacrificio con alguna de las barbas de la boca del animal; que utilizaban para los corsés del vestido de su boda cepillos o simplemente los vendían; los sastres las adquirían porque cosían para las damas de las grandes e importantes familias de la zona.
Los huesos eran utilizados para hacer botones, empuñaduras de puñales o estiletes, había adornos bellamente labrados e incluso, pequeños bustos de ese marfil inmaculado, logrados de las vértebras de la columna vertebral. Todo valía en la ballena.





lunes, 27 de abril de 2020

IMAGINA . . . .

Capítulo IV 
De pronto, se oyó griterío a lo lejos y un cañonazo de aviso. Una de las ballenas, rodeada por las barcas del “Tinín”, se había recuperado revolviéndose y luchaba por su vida.
Las pequeñas embarcaciones estaban siendo destrozadas, los hombres caían al agua heridos o sin sentido. Algunos chicotes fueron cortados por los arponeros, liberándose así del enganche con el animal; pudieron ponerse a salvo a golpe de remo y… de miedo.
Toño vio con espanto que la barca de Tinín seguía bamboleante al cetáceo enfurecido. Su arponero negó el corte salvador del hacha, permanecieron conectados al animal por la cuerda amarrada al arpón; el muchacho quería cazarlo pues le arponeó el primero y era el macho más grande que jamás vio. Era raro que estuviera cercano a la zona donde criaban las madres, quizá recaló por ser un ballenato inexperto y joven.
Súbitamente, se detuvieron y todos respiraron aliviados. El batel de Toño estaba más cerca que el barco comillano y decidieron ir a recogerlos, pues se encontraban sin remos, a merced de la mar. Remaron con toda su fuerza; el sol se iba escondiendo y necesitaban la claridad para poder ayudar. Prendieron los faroles en los barcos y bateles, serían vistos por los náufragos y también se verían entre ellos.
Toño pensaba para sus adentros: “¡Por Dios, que Tinín esté a salvo; rezaré a la Virgen de la Barquera cada día que esté en tierra, cada momento libre; lo juro!”.
Vieron aparecer entre el camino de ambas barcas aquel gigante negro de unos veinte metros, ocultándoles de la vista la otra embarcación; salía impulsado por el movimiento de su cola. Al caer al agua de nuevo, les lanzó hacia atrás y se oyeron crujidos, a punto estuvieron de hundirse de nuevo.
Agarrados a los toletes y al carel, envolvieron las manos en los estrobos para sostenerse fuertemente, esperaban a que la embarcación recuperara la estabilidad y miraron a ver si estaban todos; entre la refriega y el espumajeo del agua no veían nada, apurados como estaban por respirar.


Más tarde pudieron ver parte de las maderas de la barca de Tinín que estaban esparcidas por la superficie del mar, y uno de sus tripulantes, flotaba cercano a la proa de su embarcación, estaba muerto.
Miraron con desesperación para ver si podían distinguir a los demás hombres en la casi oscuridad. Encontraron a Sebas y a Santiago. A nadie más, a nadie. El ocaso se tornaba negro y tuvieron que volver. La búsqueda era imposible y las llamadas en el silencio de la noche no tenían ninguna respuesta, tan sólo aquel chapotear del agua contra los barcos y los quejidos de los armazones.
Percibían el silencio del padre de Tinín en lo alto del castillo de proa, estaba oteando con ojos desorbitados, tenía a su espalda cinco faroles; aparecía como una escena fantasmagórica en la lejanía. Miró a Toño cuando llegaron a su altura, apenas levantó la mano para saludar y el muchacho creyó ver, entre sus propias lágrimas, el brillo de aquellos ojos claros, inundados también en llanto; era un padre y un patrón desesperado. Dejaron a los tripulantes rescatados en el “Tinín”, y remaron hasta “La Gaviota”, izaron y amarraron los botes, seguidamente, partieron hacía el puerto.


Los dos tripulantes que rescataron dijeron que vieron cómo Tinín seguía atado al carrete en la proa y parte de la quilla, sin soltarla; gritaba maldiciones al bicho, orgulloso y tenaz como siempre. “Era de raza, de buena raza comillana, mal que le pesara a mi patrón. Había construido el bote con sus propias manos, él solo, no quiso mi ayuda, dijo que aquel batel no se iría a pique fácilmente, flotaría de todas maneras, entera o destrozada; sujetaría con seguridad el cable del arponero, no faltaría, había
forrado la roldana con hierro pulido al máximo”.
Quedaba pues, la esperanza de que no se hundiera de nuevo aquel macho gigantesco o que cediera la cuerda del arpón y quedara a flote, así la marea lo traería de nuevo a la costa.



domingo, 26 de abril de 2020

Misa Folia 2020

Retransmisión
 en este domingo de Folía a través de



(Folía 2020) San Vicente de la Barquera