sábado, 2 de febrero de 2013

II Carta a mi buelu

Querido abuelo

Hoy te voy a contar la fiesta de La Feria de San Vicente Mártir, el patrón de nuestra Villa.

Se trata de una feria de ganado que se celebraba hace cientos de años. Llegaron multitud de puestos de productos artesanales que vienen de muchos lugares; los hubo de harinas de maíz, miel, embutidos, frutos secos, frutas, dulces, pieles repujadas a mano, rabeles, miniaturas, ropa y de calzado, y hasta se comprar algo recién cocinado; había y se vendía de todo.

De antes era tradición venir a esta feria, la primera del año, desde muchas provincias y todos traían productos o compraban de los que aquí había. Venían vestidos con sus mejores trajes que ahora llaman regionales, llenos de colorido y bordados, adornados con joyas y abalorios, cada uno traía el de su zona y dicen, que cuando llegaba la gente desde los altos de las montañas, la feria parecía una mar de colores. Tardaban días en venir, porque antes no había coches, lo hacían sobre carros tirados por bueyes, cabalgaduras o a pie; a mí se me hace que al pasar por todos caminos y montañas con nieve, pasarían mucho frío, pero que seguramente que bajo sus coloridas ropas, llevaban infinidad de atavíos para abrigarse. Es posible que comieran de las cosas que traían y después, charlarían con los conocidos de otros años o con alguno de los familiares de por aquí, incluso harían baile con tambores como el mío, gaitas y flautas. A esos músicos también los llamaban “Piteros”.

Hubo exposición de animales autóctonos como las tudancas y de otras razas, algunas tan anchas que me parecieron toneles gigantes de sidra, pues esos eran para carne y la gente decía que sus chuletas eran del tamaño de mi tambor. Había cabras, ovejas, burros, perros, bueyes de inmensos cuernos, jatas etc. Hubo muchos caballos, estaban preciosos y tenían la piel lustrosa; cabalgaban con sus jinetes por la arena y entraban un poco a la mar. ¿Sabes?, parecían navegar sobre el agua brillante y soleada, se reflejaban en el agua y hubiera querido estar subido en uno de ellos.

Sucedió algo diferente. Uno rebaño de 20 tudancas se asustaron y corrieron desbocadas en distintas direcciones; a unas las tornaron en la playa del Tostadero, otras terminaron en Oyambre y en la población de Gerra, y las últimas, las más jóvenes, llevan 10 días en una zona de bardales y no hay quien las saque. Dicen los dueños que se asustan porque aún tiene en su sangre el asilvestramiento, ya que solían alimentarse en los bosques y los cantabros las domesticamos; son la raza autóctona de la zona. Parte de ellas se bañaron en la playa a pesar del frío, son muy resistentes a las inclemencias del tiempo.

Ese día nos vestimos de diferentes trajes típicos de Cantabria desde por la mañana y una amiga de mamá me dijo que estaba muy guapo.

Me han confeccionado un traje de Montañés auténtico, se parece a esa foto que tienes de mi bisabuelo, pero no me quise poner el pañuelo de cuadros en la frente. No iba bien con mi pelo pelirrojo.

También se vistieron muchas niñas, muy chiquitinas y mayores que yo, y estaban muy elegantes. Tocaban las panderetas, cantaban y yo acompañaba con el tambor. Lo pasamos muy bien recorriendo todo el pueblo y eso que hacía frío y después comimos en la Torre del Preboste, cosas de casa, como hacían hace cientos de años.

Bueno abuelo, otro día te cuento más cosas. Como ves, cumplo la promesa de escribirte de vez en cuando y sigo firmando diferente, porque ya soy mayor, cumplí 8 años.. Me dijo mamá que no te diga que olvidaste mi cumpleaños, fue el día 21, así que no te lo puedo escribir.

Un abrazo tan pegado como las uñas a la carne.

H
P.D.: Otro abrazo de mis hermanos.

Ángeles Sánchez Gandarillas

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